domingo, 29 de enero de 2012

Vacío.

Ayer me enteré de que había muerto.


Me estaba duchando. Gotas de agua caían sobre mí, empapándome. Disfrutaba del baño, de poder relajarme después de un día de trabajo y estrés, de poder hacer una pequeña pausa. 
Hasta que lo sentí.
Algo chupó toda mi energía. Caí hacia atrás, y lo único que me sostuvo fue mi espalda apoyada contra la pared. Sentí mis ojos agrandarse como si tuviera mucho miedo. La manguera del agua resbaló de entre mis dedos, cayendo al suelo de la bañera con un gran estrépito. Pero no le hice caso. 
Poco a poco, me fui deslizando hasta acabar hecha un ovillo en el suelo de la bañera, con el chorro de agua mojándome todavía. No sabía exactamente qué me pasaba. Tenía un agujero oscuro de un vacío aterrador en el pecho, cortándome la respiración.
No sé cuánto tiempo estuve así. Mi mirada perdida, mis energías idas. 
Al final, me levanté poco a poco, apoyándome en la pared blanca y lisa. Apagué el chorro de agua. El silencio lo reinó todo, y sólo se oía las gotas de agua que corrían por mi piel, que se deslizaba por mis manos, y acababan estrellándose en el suelo con un repiqueteo constante, casi melódico. 
Conseguí mover mis músculos entumecidos y salir de la bañera. Cogí mi toalla y me envolví con ella. Tiritaba de frío, mientras que el lavabo parecía una sauna. Me sequé lentamente, con calma, y luego me empecé a vestir.
Por dentro, mi alma se desgarraba en trozos, presa del dolor. Lo único que quería era abrir la ventana y gritar, gritar mi dolor, gritarle al cielo por el destino que había elegido para mí, gritar hasta que mi alma saliera por mi garganta y desapareciera en la noche.
Pero no lo hice. Me acabé de vestir, y limpié el espejo de la humedad con mi mano. Miré mi rostro. Parecía normal, salvo por la palidez de mi cara. Miré mis ojos. Los tenía negros, tanto, que no se distinguía la pupila del iris. Vi la oscuridad, como un pozo sin fondo. Detrás de esos ojos, los míos, se podía ver el vacío que me atenazaba. 


Salí del lavabo y me encerré en mi habitación. Me tumbé en la cama y cerré los ojos con fuerza, tratando de sentirte, tratando de entender lo que sucedía.


Y cuando lo entendí, me arrepentí. Era mejor vivir en la ignorancia, a saberlo. 



1 comentario:

Laila:) dijo...

aiiiissssss! m encntaaaaaaaa<3
escribs super super bn ajjaja t lo dgo siempre ;)
un bsazo<3